viernes, 3 de febrero de 2012

Carta de presentación

Decía un profesor mío que la gente que es feliz no escribe o, por lo menos, no escribe bien, porque está demasiado ocupada siendo feliz y no pierde el tiempo en esas cosas. Con el ánimo de quien debería poder escribir me embarqué en un foro, entre el rol y lo literario, descubriendo que, si bien la infelicidad (más bien la llana insatisfacción) bien podía traer la oportunidad de escribir, no hacía necesariamente lo mismo con el talento o los lectores. Así pues, hace poco tiempo, este poco visitado foro desapareció, cediéndole los 3 o 4 megas que debía ocupar a algún otro usuario de mforos que tuviera algo más interesante que contar.

Ahora mi situación a este respecto no mejora: sigo sin talento pero me siento mejor (como artista, siempre he tenido predilección por los finales felices[lo que me indujo una increíble atracción por el cine pornográfico que rara vez defraudaba en ese sentido]) y, por lo tanto, debería disponer de más bien poco elemento krónico para malgastar en estas cosas, pero he descubierto que, como las terceras generaciones de Ibn Jaldún, hijo de las plenas satisfacciones, me regodeo más en las pasividad y la molicie que en la edificación del alma o el cuerpo. Por todo ello, aunque sin antes decidirlo expresamente, paso las horas entre el radiador y la pantalla del ordenador, en lugar de aprovechar esta oportunidad única en mi vida y pasear por las deslumbrantemente hermosas calles de la capital prusiana, ahora, además, con el encanto del puro blanco invernal.

A aquellos censores que pongan el grito en el cielo para decir y reprochar que un foro es par aquellos que, bien no tienen nada mejor que hacer, bien tiene algo que decir, descargaré mi responsabilidad en blogger, que mantendrá o no está página en función de los beneficios que obtenga de ella; y a aquellos que digan que una oportunidad no es sólo eso, sino también la responsabilidad de aprovecharla, les diré que puedo ceñirme a la teoría literaria y desvincularme de lo presente en mi texto, sin por ello mentir o hablar en el vacío; y, más aún y saltándome el fácil paso de reclamar el hecho de que es muy difícil demostrar que yo increpe a los demás por el mal uso de lo que yo podría considerar oportunidades, reto a un nivel práctico a cualquiera que se sienta ofendido por ello a que me localice y me haga tragarme mis propias palabra con la única retórica que al final importa a todos, incluso a los que no comparten lengua.

Pero, volviendo al inicio, una pregunta legítima por lógica hasta  para un romántico como yo, es por qué debería alguien medianamente feliz escribir en un blog si no es para inducir a la náusea a los lectores con el rimbombante repiqueteo de sus muestras de felicidad chocando en el interior de sus cráneos, produciendo, por lo tanto, un efecto indeseado, por no hablar de descortés; o,  incluso, cabría preguntar qué podría escribir para que produjera ese buscado efecto catártico que alivia igual que la llegada al destino en un viaje de ocho horas en autobús sin servicio y bebiendo cerveza; que, igual que el dinero, no produce felicidad pero si una casi indistinguible sensación de placer y que, como la heroína o la misma vida, no puedes dejar aunque te acabará matando.

La respuesta es mucho más sencilla que el circunloquio que rodea a la pregunta: rajar. Pero no rajar en el sentido de cortar con más o menos saña y brío, sino en el igualmente vulgar de hablar mal de otros.

Y es verdad que esta acción que siempre se realiza cuando se podría hacer cualquier otra cosa mejor, como, por ejemplo, no rajar; encaja perfectamente en la actitud de quien carece de talento pero también de las preocupaciones reales necesarias como para hacer algo útil de su vida.

Dicho esto y, aunque me parece poco probable que ocurra, que nadie se sienta ofendido si por algo que escribo parece que siento especial animadversión hacía algún colectivo en particular por algún individuo por el que se me pudieran colgar etiquetas cual ladrón despistado de probadores. No, muy señores míos, lo cierto es que la generosidad que demuestro despilfarrando tiempo aquí, se iguala con  la de mi universal desprecio por todo, debido principalmente a mi burguesa indiferencia derivada de los  muy pagados de sí mismos y un poco onanistas valores del posmodernismo y la seguridad del anonimato que proporciona la red, desde la cual se pueden llevar a cabo legendarias revoluciones desde la comodidad de casa si no fuera porque, como ya he dicho, todo me tira más o menos de "ahí".

Lo que todo esto tenga que ver con la primera parte del título se irá viendo. Lo que tiene que ver con la segunda, debería resultar obvio.

Sin más, quisiera advertir a los que serán mis inexistentes lectores, que no tengo confianza de que esta página dure mucho antes de desaparecer y de que no pretendo mantener, para nunca jamás, este alambicado estilo que haría enorgullecerse a Al-Hamadhani (sin que se le saltaran lágrimas a Al-Hariri)

Buenas noches y descansad los que podáis no estar atormentados por el hecho de que, de alguna manera, la Evolución me seleccionó para estar aquí, y quizá pueda deleitaros con algo mañana.